Experimentamos con tecnología para que el Estado funcione mejor. Porque el progreso no es accidental — se construye.
↓ EXPLORAREl Progress Studies —campo impulsado por pensadores como Jason Crawford— revela una actitud ante la vida: una forma de ver el potencial humano como algo que debemos aprovechar. Es una invitación a crear, construir, innovar y prosperar. Estas ideas nos invitan a pasar de ser observadores pasivos del mundo a participantes activos en la construcción de un mundo mejor, lo que implica instituciones mejores.
La respuesta no está en la ausencia de tecnología. Está en la falta de voluntad para experimentar y solucionar. El progreso no llega solo: requiere personas que lo persigan deliberadamente, instituciones que aprendan a servir mejor a sus ciudadanos.
Entendemos la tecnología en clave humanista: no como un fin en sí mismo, sino como el instrumento más poderoso disponible para ampliar la libertad y la agencia de las personas. Un Estado que responde más rápido, que orienta con claridad, que escucha y actúa, es un Estado que devuelve tiempo, dignidad y energía a sus ciudadanos.
"El progreso no es natural ni inevitable. Es el resultado de esfuerzo deliberado, de instituciones que aprenden y de personas que deciden que las cosas pueden ser mejores."— Jason Crawford · Roots of Progress
No hacemos declaraciones sobre lo que el gobierno debería hacer. Construimos pruebas de que puede hacerse mejor. Los prototipos son nuestra forma de argumentar.
El costo de transacción del Estado se mide en horas perdidas, filas y derechos que llegan tarde. Eso es medible. Lo que se mide se puede reducir.
Este laboratorio es una invitación abierta a desarrolladores, diseñadores, abogados, funcionarios y ciudadanos que quieran construir el Estado más eficiente.
Lo que funcione aquí puede replicarse. Alta complejidad institucional, alta penetración digital, alta demanda ciudadana. El escenario perfecto.
La Ley 1755 de 2015 establece 15 días hábiles para responder derechos de petición. El incumplimiento rara vez tiene consecuencias. El ciudadano no sabe a qué entidad dirigirse y recibe respuestas de plantilla que no resuelven su problema. La tutela —700.000 al año— es el mecanismo de último recurso de un sistema que debería resolverse antes.
Colombia tiene 15 dominios de interacción entre el Estado y el ciudadano: identidad, justicia, tributación, salud, educación, vivienda, trabajo, movilidad y más. Cada uno con su entidad, su portal y sus requisitos. La ventanilla única existe en papel. En la práctica, el ciudadano navega solo.
Cuando algo falla en una ciudad —una caneca rota, un hueco, una luminaria apagada— el ciudadano no tiene un canal claro para reportarlo rápidamente y las autoridades justifican sus respuestas tardías en no conocer los problemas rápidamente.
Los programas sociales se basan en el SISBEN, un instrumento de los años 90. Las billeteras digitales (Nequi, Daviplata) tienen datos de ingresos de más del 95% de la población en tiempo real. El Estado sigue esperando el próximo censo costoso mientras las necesidades cambian mes a mes y existen datos que son más rápidos y mejores para la política social.
LabTec Bogotá es una iniciativa colectiva de experimentación en gobernanza y tecnología. No somos un think tank que produce documentos. Somos un equipo que construye soluciones demostrables para problemas reales de la relación entre el Estado y los ciudadanos de Bogotá.
Operamos con una lógica de laboratorio: formulamos hipótesis, construimos prototipos, medimos resultados y publicamos lo que aprendemos. Nuestros cuatro proyectos piloto son el primer ciclo de experimentación. Cada uno ataca un punto de fricción específico, documentado y medible.
Somos una invitación abierta. Si eres desarrollador, diseñador, abogado, funcionario público, investigador o ciudadano que cree que las ciudades pueden funcionar mejor, este es tu espacio. No pedimos currículos. Pedimos ideas y disposición para construirlas.
Todo lo que construimos es público y replicable en cualquier ciudad colombiana o latinoamericana.
Ningún proyecto arranca sin datos que demuestren el problema. Ningún piloto concluye sin medir su impacto.
Empezamos pequeño, demostramos que funciona, y entonces buscamos aliados para escalar con sostenibilidad.
El derecho de petición es el instrumento más poderoso del control ciudadano cotidiano —consagrado en el Art. 23 C.P.— pero el ciudadano no sabe a qué entidad dirigirse, cómo redactarlo ni qué esperar. Las entidades reciben peticiones mal clasificadas, las enrutan equivocadamente y responden tarde con textos genéricos.
La Ventanilla Única existe en Colombia pero no funciona en la práctica. Un ciudadano debe navegar 15 portales distintos para resolver trámites básicos. Cada entidad tiene su propio sistema, sus propios requisitos y sus propias reglas. Esta fragmentación es profundamente regresiva: quien tiene menos educación y menos tiempo, navega peor.
Cuando algo falla en Bogotá —una caneca rota, un hueco, una luminaria— el ciudadano no tiene canal claro para reportarlo. Hay múltiples canales sin integración, sin trazabilidad, sin retorno. La ciudad se deteriora de forma invisible para la administración. Sin datos, no hay decisión; sin retroalimentación, no hay mejora.
El SISBEN —creado en los años 90— sigue siendo el instrumento central de focalización del Estado. Se actualiza cada 7 a 10 años mediante un censo costoso y manipulable. Mientras tanto, el 95%+ de colombianos usa Nequi o Daviplata con datos de ingreso en tiempo real. El Estado sigue ciego cuando podría ver con claridad y asignar mejor los recursos públicos.
Buscamos personas que crean que la tecnología puede hacer al Estado más eficiente y mejor. Desarrolladores que quieran construir herramientas. Diseñadores que entiendan la usabilidad como derecho. Abogados que vean el código como una forma de legislación práctica. Funcionarios públicos que quieran experimentar. Ciudadanos hartos de la inoperancia del Estado.
Todo lo que construimos es código abierto. Los aprendizajes son públicos. El laboratorio pertenece a todos.